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Cuando estamos bajo la voz de Dios, ella nos gobierna,  sin embargo hay momentos que nos dejamos gobernar por la voz del rió seco. En esta historia el Pastor David Guerra nos enseña que un hombre o una mujer ungido de Dios siempre debe esperar a oír la voz del Señor,  no salir corriendo ni huir. El profeta y la viuda tenían el rió seco y estaban en medio de una necesidad espiritual. Sin embargo, Dios resolvió la necesidad que ellos tenían, porque la obediencia estaba en sus vidas.  Muchas veces el rió seco quiere hablar a nuestras vidas, a nuestra economía, a nuestro matrimonio, a nuestra familia, a nuestros proyectos; pero esa voz nos infringe fracasos y temores. Por eso en este caso debemos ser diligentes a la hora de saber diferenciar la voz del rió seco y la voz de Dios, la cual siempre tendrá respuesta. Un hijo de Dios siempre esperará en obediencia la voz de Dios que lo dirigirá a donde deberá ir. En este tiempo sin importar tu situación, la mano de Dios  siempre alimentará el fuego de tu casa sin importar que tan frió esté todo.

La tierra está enferma por causa del pecado del hombre.  Dios es Él dueño y pedirá cuentas de nuestra labor como administradores, No podemos ser indiferentes, no podemos ser ciegos y mirar que Dios está por encima de toda situación. Es principio de dolores, la iglesia pronto será arrebatada, la sal será quitada.   Soplan vientos de Maranatha.

La presencia de Dios tiene un significado para nosotros. Al mirar a Moisés notamos que el levanta un altar de una manera entendida, colocándole un nombre al altar. Cuando nosotros nos acercamos a Dios en oración, debemos reconocer quien es EL, por su nombre, el cual es especifico para nuestro altar, saber a quien le estoy levantando mis oraciones. Moisés nos enseña algo muy hermoso, nos enseña a discernir los campos que están frente a nosotros, cuyos campos huelen a Victoria cada día.

HECHOS 3:11-12

Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. 12 Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

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